Washington Post publica las conversación de Trump con Peña y Turnbull

Trump y Peña Nieto durante su reunión el año pasado

Trump ficha y descarta personal para su equipo como si no hubiera mañana, entre otras cosas porque, por un lado necesita perentoriamente gente de la política que conozca los intrincados vericuetos de Washington, y por otro no puede fiarse de esos mismos políticos a los que no conoce ni son ‘su gente’.

La prueba es que todo lo que hace y dice todo un presidente de Estados Unidos en la necesaria opacidad de las decisiones de gobierno acaba saliendo a la luz. Las filtraciones a la prensa protagonizadas por saboteadores de una Administración a medias heredada y a medias entregada al establishment de los de siempre están siendo la pesadilla sin fin de sus primeros meses de mandato. Y, a pesar de los despidos -el otro día, su jefe de Comunicación, el recién nombrado Scarammucci; antes, Priebus, su jefe de Gabinete-, siguen apareciendo en los medios.

Las últimas han sido las conversaciones telefónicas mantenidas por Trump con los líderes de México y Australia, publicadas por el Washington Post de Jeff Bezos, del que el presidente se ha hartado de echar pestes.

Ya habían transcendido en su momento detalles de estas dos conversaciones, pero ahora el diario americano ofrece las transcripciones íntegras, como en un desafío del histórico rotativo a los intentos del Gobierno de detectar y expulsar a los ‘topos’.

“Los documentos ofrecen un vistazo sin filtros al modo en que Trump enfocar el aspecto diplomático de su tarea, sometiendo incluso a un país vecino y aliado a andanadas de amenazas e invectivas como si se dirigiera a adversarios de Estados Unidos”, advierte el Post tras presentar las transcripciones.

Es difícil decirlo, porque no tenemos con qué comparar; no sabemos cómo hablaba, palabra por palabra, Obama, Bush o Clinton con sus homólogos, quizá porque los grandes medios no sometían entonces a su presidente a invectivas como si se dirigieran a adversarios. Pero leyendo el material sí parece al menos algo exagerado.

En ambos casos había razones objetivas para que el diálogo no fuera exactamente fácil. En el de Australia, Trump se topaba con un tratado que iba directo contra todo lo que había prometido en campaña, y lo expuso con la poco diplomática brusquedad de lo que es, un líder empresarial.

“Este es un tratado estúpido. Este tratado me dejará fatal“, comentó al premier australiano, Malcolm Turnbull, negándose a aceptar la visión de su interlocutor de que el tratado mejoraría su imagen. “Me hace parecer un ‘primo’.

Más complicada aún tenía que ser por fuerza su conversación con Peña, después de haber hecho depender su campaña de su promesa de construir un muro con México y deportar a los ilegales.

No había modo de ser demasiado suave en su postura, pero una línea de su conversación quizá sorprenda a los trumpistas de primera hora, cuando admite que el muro en sí como “lo menos importante de las cosas que estamos hablando, pero políticamente podría ser lo más importante”.

Lo hemos dicho aquí mismo en otras ocasiones: el muro no es tan importante, como instrumento técnico, para detener la riada de ilegales procedentes de México como muchas otras medidas, pero simbólicamente es fundamental para la popularidad de Trump. Trump prometió un muro, hizo que sus votantes tuvieran un elemento visual en que concentrarse. Y ese muro sigue sin empezarse medio año después de su entrada en la Casa Blanca.

En sí mismas, ya decimos, las transcripciones no son excesivamente reveladoras ni suponen mayor escándalo. El hecho de que se hayan filtrado, sí. Significa que Trump tiene más enemigos a su alrededor que un personaje de Juego de Tronos. Y, por tanto, es esperable que sigan rodando cabezas.

¿Quién podría ser el siguiente? Trump siempre sorprende, podría ser cualquiera, pero un nombre que suena insistentemente es el del sustituto de Michael Flynn al frente del equipo de Seguridad, el primer gran defenestrado: el General H.R. McMaster.

Le tienen especiales ganas en Israel, donde la columnista Caroline Glick escribe en el Jerusalem Post que el general está purgando su equipo de sus asesores más proisraelíes al tiempo que asegura que es también “profundamente hostil a Trump”.

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