Putin se ofrece a demostrar que Trump no compartió secretos con Lavrov

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, en una fotografía de archivo
Si lo que pretende Trump es ‘trolear’ a los medios convencionales, embarcados en un combate a muerte para echar al presidente de la Casa Blanca, esta vez le ha salido redondo el intento.

Después de que el presidente americano respondiese en Twitter a la ofensiva mediática a cuenta de la supuesta revelación de secretos al ministro de Exteriores ruso diciendo que tiene todo el derecho a compartir información clasificada con un aliado en la lucha antiterrorista, ahora aparece Putin diciendo que puede demostrar que Trump no reveló secreto alguno.
Como dicen en las sinopsis de las películas de misterio, la trama se complica. “Si la Administración americana lo estima posible, estamos dispuestos a proporcionar al Senado y al Congreso la transcripción de la conversación entre Lavrov y Trump”, aseguró este jueves en rueda de prensa tras su encuentro con el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, para demostrar que Trump no había revelado información clasificada alguna.
Inicialmente, Reuters habló de una “grabación”, pero la agencia de prensa en seguida se vio corregida por el Kremlin: “transcripción”, se trata de una transcripción. Solo faltaba que los medios de la oposición -es decir, los medios de prestigio- pensaran que los rusos andan grabando conversaciones en la Casa Blanca.
“HabIé hoy con él (Lavrov)”, se burló Putin en la rueda de prensa. “Tendré que abrirle expediente por no compartir con nosotros esos secretos. Está muy feo por su parte”.
Putin, cita la cadena rusa RT, considera que estamos ante una “esquizofrenia política en desarrollo” en Estados Unidos. “No se me ocurre otro modo de explicar que se acuse al presidente de Estados Unidos de entregar secretos a Lavrov; cuesta imaginar cuál será el próximo disparate que se saque de la manga esta gente”.
“Lo que me extraña es que usen consignas contra Rusia para agitar la escena política nacional”, añadió el líder ruso. “O no entienden el daño que le hacen a su propio país, en cuyo caso son sencillamente estúpidos, o lo entienden perfectamente, y entonces son peligrosos y corruptos”.
“En cualquier caso -concluyó-, se trata de un asunto de Estados Unidos, y ni queremos ni pensamos interferir”.

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