Tormenta en el Ala Oeste

Antonio Scaramucci y Reince Priebus

La llegada de Scaramucci a Washington es una poderosa señal de que el estilo propio de Nueva York, rudo y descarnado, se va a instalar en la Casa Blanca

La salida de Spicer

Desde su primera aparición en la sala de prensa (“Nunca hubo más gente en una ceremonia de inauguración. Punto.“) se pudo comprobar lo incómodo que se sentía sabiéndose observado en directo por el propio presidente. Y es que Trump no quería en el atril a un intérprete de sus palabras sino a una mezcla de telépata y traductor simultáneo.

Las apariciones de este buen profesional de la comunicación que ha mantenido el tipo con solvencia en situaciones francamente difíciles se fueron espaciando en el tiempo, y el anuncio del fichaje de Scaramucci precipitó su salida. La presencia de un director de Comunicación con un perfil tan semejante al del presidente hacía insostenible la permanencia de esta cara amable tan vituperada y parodiada al que los medios han acabado cogiendo cariño.

La llegada de The Mooch

Anthony Scaramucci no engaña a nadie. Tampoco lo pretende aunque a veces lo consiga, como en su intervención en el Foro de Davos, donde sacamos la impresión de que Trump contaría con él desde el primer momento. Todos nos equivocamos (incluido él mismo).

En principio La Casa Blanca (no confundir con el gabinete) debía girar sobre Bannon (línea ideológica) Priebus (operativa interna y enlace con el legislativo) y Flynn (estrategia militar). No había papel para Scaramucci. Una cicatriz más (también se le conoce como “The Scar”) en la piel de elefante de este ex banquero de Goldman Sachs y financiero de éxito.

Su llegada a Washington es una poderosa señal de que el estilo propio de Nueva York, rudo y descarnado, se va a instalar en la Casa Blanca, como ya ocurriera con el optimista grupo de californianos que acompañó a Reagan durante su presidencia.

The Mooch”se estrenó marcando claramente los terrenos. El palo en una mano y la zanahoria en el otro. La prensa parecía contenta de tener como interlocutor a un miembro del círculo de Trump que aseguraba respuestas más directas que las que podían recibir de un profesional a sueldo.

Con Flynn caído en combate, Bannon ‘resituado’ (fuera del Consejo Nacional de Seguridad y dedicado a brindar apoyo ideológico -el discurso de Polonia y alguna ocurrencia destinada a desquiciar a los medios, como la comparación de Trump con Lincoln -) y un Priebus debilitado, la llegada del neoyorquino ha supuesto un auténtico revulsivo.

El enfrentamiento

El incidente público de Scaramucci con el Chief  of Staff de ayer contaba, obviamente, con la aprobación del presidente, quien ya había llegado a la conclusión de que su jefe de gabinete no le servía en ninguna de las tareas para las que fue nombrado: su labor de correa de transmisión con el Congreso ha resultado infructuosa, a pesar de la garantía que brindaba a priori su estrecha amistad con Paul Ryan, el líder de la mayoría, para llevar adelante el programa de reformas legislativas. Tampoco en su labor como Chief of Staff ha logrado imponer su autoridad. El apocado burócrata de origen alemán ha demostrado por qué logró ser el político que más tiempo ha ocupado la presidencia del Partido Republicano o RNC (Comité Nacional Republicano).

Por si esto no fuera suficiente, ha sido incapaz de identificar el origen de las numerosas filtraciones que salen a diario de la propia Casa Blanca (todavía trufada de operativos de la administración Obama) algo que desespera de forma manifiesta al presidente.

Con esos ingredientes, era esperable que Scaramucci se pareciera mucho al Pacino de Scarface a la hora de lanzar un ataque tan violento y humillante sobre Priebus, que deja pocas opciones a la permanencia de este último. El mensajero italiano ha hablado por boca de su jefe directo, en lo que ha calificado de “lenguaje colorista”,  escandalizando al siempre puritano Washington, medios de comunicación incluidos.

El dilema sobre el Fiscal General

Si lo anterior se enmarca en el permanente espectáculo en que se ha convertido esta presidencia, este otro es un gran asunto pendiente, cuyas implicaciones y consecuencias sí pueden marcar un antes y un después para Trump.

Es cierto que el veterano senador no debió nunca ocultar a sus colegas (y menos al presidente) la información que le llevó posteriormente a recusarse en la investigación rusa. “De haberlo sabido, hubiera nombrado a otro” ha dicho Trump con razón, dada la sucesión de acontecimientos que han llevado al nombramiento de un Fiscal Especial encargado de la investigación (exdirector a su vez del FBI, y jefe y amigo del destituido Comey, así como generoso donante del partido demócrata).

Aquí sí es preciso levantar bandera roja. Una destitución de Sessions sería entrar en un terreno muy peligroso para Trump. El todavía Fiscal General goza de mucho prestigio en el Senado (fue elegido por unanimidad) y podría estar dando alas al tan deseado Impeachment que -en última instancia-  depende de la caprichosa voluntad de los miembros de esta cámara.

Otra pésima señal, por descontado, sería la destitución del propio Robert Mueller, opción que el presidente “ha dejado caer” en su cuenta de Twitter invocando sus poderes presidenciales.

Lo triste del caso es que llevamos seis meses aferrados al inverosímil argumento  de que Donald Trump conspiró con los rusos en contra de su propio país, un supuesto que la oposición demócrata (con la impagable ayuda de los medios) ha conseguido que sea el  monotema que lastra la agenda presidencial desde el principio.

En circunstancias normales, el panorama se presentaría negro para el inquilino de la Casa Blanca. Sin embargo, en estos tiempos confusos en los que nadie sabe a ciencia cierta que terreno pisa, cualquier cosa pueda adquirir proporciones devastadoras o acabar en una tormenta en un vaso de agua. Por el momento y hasta nueva orden, seguimos inclinándonos por esta última opción.

Madrid, a 28 de julio de 2017

*Por Antonio Camuñas (@ManhattanManOne), fundador de la consultora Global Strategies y expresidente de la Cámara de Comercio España-Estados Unidos.

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Ricardo
Invitado

MUY ALERTA POR LA ALIANZA MILITAR RUSO-CHINA. ES NECESARIO INCORPORAR A LA INDIA COMO ALIADO CUANTO ANTES.

JUNTO CON JAPON Y AUSTRALIA HARÁ DE CONTRAPESO SUMADO A LA OTAN.

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